Antes de ser mamá, ya tenía claro que no quería acelerar el proceso de aprendizaje de mis hijos. Al acercarse el momento de tener a mi bebé en brazos, mi sentido común me decía que lo más sensato sería dejar que el proceso de enseñanza fluyera de manera progresiva, siguiendo su propio ritmo.
Quizás esta reflexión me parecía innecesaria en ese entonces, considerando que ni siquiera había dado a luz aún. Sin embargo, la realidad de hoy es que estamos saturados de información sobre cómo convertir a todos los bebés en “expertos” en habilidades y situaciones que, en muchos casos, no corresponden a su edad.
Hoy en día, parece haber una tendencia a diseñar planes meticulosos para que todos los bebés aprendan mucho y muy rápido. Incluso se cuestiona a los padres que deciden no seguir este camino.
Al observar esta tendencia, surgieron en mí algunas preguntas reflexivas:
A pesar de este torbellino de preguntas, que podría extenderse mucho más allá de los ejemplos que doy, he decidido mantenerme firme en mi postura. He elegido confiar en la sabia naturaleza que va marcando el camino del aprendizaje.
Esta decisión me ha permitido liberarme del afán de cumplir con expectativas estresantes que exigen a mi bebé que haga tal o cual cosa. Al mismo tiempo, siento que he salvaguardado a mi retoño de la presión que podría resultar abrumadora. Quiero estar presente, brindándole amor y paciencia en esos momentos de descubrimiento, cuando repite una acción, aprende una palabra, me imita, o simplemente decide hacer o no hacer algo. Todas estas son experiencias hermosas que surgen de manera natural.
En definitiva, me gusta observar cómo juega libremente, impregnándose de lo cotidiano y desarrollando su sentido común, que será su aliado en la vida adulta. Así, está aprendiendo sin sobreesfuerzos ni presiones, lo que le permite sentirse tranquilo, y a mí también. Espero que este post aporte serenidad a otras madres que, tal vez, se sientan obligadas a hacer mucho más de lo que realmente es necesario en bebés con un desarrollo normal.
Además, incluyo un enlace al canal de YouTube Píldoras de Psicología, dirigido por el señor Alberto Soler, que profundiza en los puntos que he abordado en este post.
Con el cariño de siempre,
Danyela Reina